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EL PENDÓN DE LOS DESHEREDADOS
I
“No hay mal que por bien no venga” ...
y la voz traposa, a remiendos de llanto,
se arrastra hasta doblar la cuesta
del pobre canto obrero;
toda la aldea tiembla en sus cántaros,
tiembla bajo el temple grave de la guitarra oscura,
tierna de miserias.
Y las caras comienzan a estirarse de esperanzas,
caras de barro humilde, caras de pueblo,
colgadas de los ojos al más tarde.
En el campo el trabajo a chorros
por los brazos del hombre empapa la tierra,
las lampas cantando amontonan FUTUROS.
No hay pan seguro pero los niños levantan
torres de júbilo, corriendo a gritos
montados en el viento.
II
Entre los valles maduros se oye en entrada
la torrentera ancha de las madres
cargadas de hijos.
El pobre “no hay mal que por bien no venga”,
mugriento, hecho jirones, va quedándose prendido
en los pechos averiados.
Las mañanas ebrias de pájaros y frondas
tremolan flecadas de sol en los árboles
deshojados.
No hay mal que por bien no venga ...
hasta los cerros empuñan el adagio
hecho pedazos.
1933
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